martes, 27 de marzo de 2018

PRAGA

Visitando Praga

El pasado 15 de marzo visitamos Praga y descubrimos una ciudad encantadora, de edificios señoriales y colores apastelados. Pero como una imagen vale más que mil palabras (a veces) aquí os dejo un pequeño reportaje fotográfico de nuestro paso por Praha.














































































Y hasta aquí el reportaje fotográfico. ¡Ah! Y viajar en tranvía es muy gracioso.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Viaje a Islandia


El 9 de noviembre de 2017, volvimos de un viaje que habíamos soñado durante bastante tiempo.

Tras unos meses de espera, búsquedas, información e ilusiones concluimos quienes íbamos a visitar Islandia y cuándo lo haríamos.

Altea, Adelina, Jose, Juan y yo volamos desde Alicante directamente a Reykjavic, un vuelo de algo más de 4 h que no se hizo demasiado largo. 

Ya con las maletas en el coche nos dirigimos a la casa que teníamos alquilada para dejar las cosas y salir corriendo a descubrir esos paisajes.







La primera parada fueron las cataratas de Gullfoss, sencillamente impresionantes, una de esas maravillas que uno nunca olvidará.


Volvimos a la casa en Reykjavik pero antes hicimos una parada, aunque ya de noche, en los geysirs.

Llegamos a casa bastante cansados, conocimos a sus dueños, quienes nos habían dado instrucciones para poder entrar pero que no habíamos visto todavía. Cenamos una sopita calentita y a dormir.


Salimos temprano de casa, teníamos más de 200 km hasta nuestra nueva casa. A mitad de camino y antes de llegar a Vik paramos a ver un par de cascadas, una de cerca, Seljalandsfoss y otra de lejos que dejamos para la vuelta, concretamente Skógafoss.



El paisaje era un poco aburrido; grandes extensiones de matorral, apenas unos árboles y una carretera con un carril para cada sentido y que en algunos sitios, para sortear un riachuelo o desembocadura, se reducía a uno solo.

Dejamos las cosas en la nueva casa y salimos para ver el atardecer en Jökulsárlón, a la mañana siguiente queríamos ir a ver el amanecer.



Mientras nos acercábamos a los Glaciares la orografía cambiaba por la proximidad de esas montañas que albergaban el hielo que tapa esos cráteres. El aspecto de los glaciares impresiona aún estando lejos de ellos.



La visión fue increíble, un lago lleno de icebergs que se desplazaban hacia el mar. Hicimos unas cuantas fotos y nos volvimos para casa con la certeza que al día siguiente sería mucho más bonito todavía.



Volvimos a la casa, dormimos lo más rápido que pudimos y salimos todavía de noche, queríamos llegar a Jökulsárlón al amanecer; afortunadamente en esta época del año y en estas latitudes el sol se toma su tiempo para salir y tampoco es que suba demasiado.








Impresionante, una playa de arena negra llena de diamantes gigantes y brillantes, algunos tallados y otros pulidos, incluso los había de formas caprichosas, otros que guardaban entre sus lados o interior, tierra o piedras arrastradas por la morrena del glaciar.

Llegamos a la casa completamente de noche aunque solo serían las 20 h, ese día las previsiones de auroras boreales eran de KP 3, su intensidad se mide de 1 a 10, y uno de los objetivos del viaje era poder ver alguna aurora.



Esa noche Jose y yo empezamos a encontrarnos un poco mal, dolor de garganta y síntomas de fiebre. A la mañana siguiente yo me quede en la cama.


Ellos ese día estuvieron en Vik y sus inmediaciones, visitando la playa de Vik, los cuatro reyes cuyas coronas emergen por encima del agua.

Madrugón, tenemos que llegar lo más al Este de la isla que llegaremos en este viaje, aproximadamente unos 230 Km, y eso serán muchas horas de viaje, casi tres horas. En nuestro destino nos espera la montaña de Adelina,  Stokksnes, una montaña que es junto con las auroras boreales el mayor de los motivos por los que Adelina ha hecho este viaje.




También Altea pudo tocar, acariciar y dar de comer a unos caballos que pacían tranquilamente en el valle de la famosa montaña.


La vuelta se nos hizo un poco larga, estábamos cansados y teníamos tres horas de camino. Durante el trayecto tuvimos varios temporales. Son diferentes a los que yo conocía. La nieve parece casi granizo y cae con una virulencia extrema casi en horizontal, en apenas unos minutos la carretera se pinta de blanco y a pocos kilómetros para de repente.



Llegó el momento de dejar la casa en la que nos hemos encontrado muy a gusto. Volvemos a Reykjavic y por el camino veremos el salto de agua de Skógafoss que la vez anterior vimos de lejos.

La catarata del río Skógá tiene 25 metros de desnivel y a su derecha sale un camino que conduce a una escalera que te permite llegar a la parte más alta. Calculo que deben de ser unos 500 escalones, estuve tentado de contarlos, pero bastante tenía con tomar el aire que necesitaban mis pulmones para superar tal desnivel.






Hoy nos dirigiremos a la zona más al oeste que estaremos en este viaje. Atravesamos el túnel de Hvalfjörour de casi 6 km bajo el mar y que para nuestra sorpresa era de peaje.







Buscábamos la montaña Kirkjufell como fondo para fotografiar la cascada Kirkjufellsfoss, además Adelina tenía las previsiones de que a partir de las 20:00 íbamos a tener un KP 5 con posibilidades de intensidades más altas.

Hicimos las fotos, y nos fuimos a tomar un café a Grundarfjörôur para hacer tiempo antes de la hora de las auroras boreales. Estábamos a unos 200 km de casa (más de dos horas de camino) y me preocupaba que se nos hiciera muy tarde, mañana cogíamos el avión, así que acordamos poner una hora máxima para volver a casa, si no recuerdo mal, las 22:00 h.




Cogemos el coche y volvemos a los pies de la montaña, la kirkjufell esa. Comienzan a aparecer las primeras auroras, esta vez el color verde era visible a simple vista.


De vuelta a casa y cuando solo llevábamos unos cuantos kilómetros, delante de nosotros aparecieron las auroras más impresionantes que habíamos visto hasta ese momento. Me volví a tirar a la cuneta (en Islandia las carreteras no tienen arcén) y salimos todos del coche como almas que persigue el diablo. El espectáculo fue sublime, yo no conseguí sacar ni una sola foto enfocada, pero es igual, que me quiten lo “bailao”.

Tal era el espectáculo que no me puse ni los guantes, así me pasó que al poco tiempo tuve que meterme en el coche para calentarme un poco.

Entonces mi hija se acercó y me dijo “papá, aunque no hagas fotos sal y mira esto, merece la pena” y una gran cortina verde, casi plisada coronaba todo el cielo que teníamos encima de nosotros. Después, al ver las fotos de esa aurora descomunal, comprobamos que también tenía color rojo en la parte superior.




Cenamos, hicimos maletas y hasta mañana. Otro día intenso. Casi sin darnos cuenta habíamos cubierto todas nuestras expectativas, auroras boreales inclusive.

Han sido casi 2.600 km y tres casas. En un próximo viaje yo haría unos cuantos km menos e intentaría reducirlo a dos casas. Así es que tenemos que volver, nos ha quedado el norte y noreste de la isla, por no decir que repetiría en Gullfoss y en Jökulsárlón donde cada día, cada época del año y cada hora son un paisaje diferente e irrepetible.